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Editorial | Que no nos engañen


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Durante estos últimos dos meses hemos vivido episodios inéditos en la historia de España, pero el desconocimiento de una situación no debe eximir a ningún responsable público de tomar las medidas adecuadas

¿Qué sucede en un país o región cuando el encargado de manejar una situación sanitaria es un político? Normalmente, y salvo raras excepciones, que no lo hace bien. Por varios motivos principales:

  • En primer lugar porque su posición no le permite ver la gravedad de la situación, o lo que es lo mismo en palabras más simples, «tanto árbol no les permite ver el bosque». Cuando eres político de primer nivel (esto no debería existir, pero existe en todos los países del mundo), tus preocupaciones son muy distintas a las del jubilado del pueblo, a las del autónomo que cada día hace 17 horas para poder pagar sus impuestos – nadie ha dicho que les de para vivir – o que la pareja de asalariados que trabajan ocho horas diarias con un contrato de dos, y que con sus dos minúsculos sueldos, cuando los hay, tienen que pagar alquiler, agua, luz, teléfono y un sinfín de impuestos…

    El político de primer nivel ha escuchado hablar de esto, porque hoy en día con las redes sociales uno se entera de todo, pero lo ha escuchado como el que ha oído hablar del Yeti o del Monstruo del Lago Ness, dicen que existe, pero no hay constancia feaciente porque no lo han vivido en sus propias carnes.

    El político de primer nivel tiene otra serie de preocupaciones, ni mejores ni peores, distintas… Ellos cobran cantidades ingentes de dinero público, en muchos casos durante toda su vida sus cuentas no han dejado de recibir dinero del estado, y en muchos casos también sin tener unas referencias claras del por qué, pero ese es otro cantar.
  • En segundo lugar porque actúan con la cabeza y no con el corazón. Cuando uno vive su profesión, cuando uno deja fluír sus sentimientos vocacionales, es visceral, derrochador, porque su único cometido es solucionar el problema, sin más. Ya luego se verá de qué manera compensamos el desfalco económico.

    Imaginemos por un momento que el Presidente del Gobierno fuera el propietario de un restaurante – entendiendo que el país fuera su restaurante. De repente, se quema la cocina del restaurante. ¡Oh! Problemón a la vista. Cualquier propietario sacaría el dinero de debajo de las piedras, pediría préstamos o le pediría el dinero a algún familiar para poder arreglar la cocina, porque si no, no puede seguir trabajando, y eso traería pérdidas aún mayores.

    El Presidente del Gobierno ha visto como se le ha quemado la cocina, y en lugar de arreglarla, lo que ha hecho ha sido sentarse con un grupo de expertos a valorar la gravedad del incidente (15 días), luego ha decidido contratar a una empresa china para que la arregle (otros 15 días), la empresa china no contaba con las medidas oportunas ni la profesionalidad adecuada y hubo que buscar alternativa (otros 15 días), y mientras los clientes se quedaban sin comer, a el propietario de este particular restaurante jamás le faltó el ingreso de su nómina. ¿Entienden por qué el propietario de restaurante del anterior ejemplo se dio mucha prisa para arreglar la cocina, y el de el segundo ejemplo no?

    En el primer caso, el que pierde es el propietario, en el segundo, perdemos los clientes.
  • El tercer motivo es un ego impresionante, y este es un mal endémico de toda la clase política mundial, no sólo ocurre en este país. El ego te lo brinda el tener las cuentas corrientes repletas de dinero, y no tener preocupaciones en el día a día; este hecho te hace pensar que eres incuestionable, porque si has conseguido toda esa «pasta» no serás un incompetente.

    Esto es un error de libro, porque yo conozco a muchos incompetentes que tienen mucho dinero, pero el error no radica ahí. Los políticos no son incompetentes, son personas sumamente preparadas, profesionales en su gran mayoría – no de la política, que no olvidemos que la política es un cargo y no una profesión – , pero como dirían nuestros abuelos «zapatero a tus zapatos».

    A ver, no me malinterpreten. Dejemos a un lado a José Luis Rodríguez Zapatero, no hablo de este tipo de zapateros, pero sí digo que cada uno para lo que está preparado, y no puedes poner para defender a una pandemia mundial nunca vista a un filósofo, que será un genio en lo suyo, pero de virus y enfermedades no tiene ni idea, como ninguno de nosotros que no hayamos estudiado para ello.

    Es como si pones de Ministra de Cultura a una Arquitecta, que lo hará muy bien o no, pero partes de la base con que, en principio no tiene ni idea de las necesidades de la rama cultural del país.

    Aquí ocurre lo mismo. Nuestro Ministro es un Filósofo, estupendo seguramente, pero no es un científico, y mucho menos, un médico. Ha basado toda la defensa del virus en lo que le cuentan los expertos, y quién ha dado la cara en este caso ha sido el Director del Centro de Emergencias y Alarmas Sanitarias, Fernando Simón… Un tío preparado, con experiencia, con solvencia en la palabra, estupenda elección pero… ¿De qué sirve que Simón y su equipo estén ahí si quién toma la decisión final son otros?

    «Nos hemos asesorado por los expertos..», han dicho en muchas ocasiones, y al preguntarle a los expertos, más de una vez han dicho «nosotros no le hemos dicho que hagan eso». ¡Ups! Alguien miente.

    Ojo, el dato contrastado ha ocurrido en la Comunidad de Madrid. La Presidenta, Isabel Díaz Ayuso solicitó la incursión de la Comunidad en la Fase 1, por encima de la decisión de Yolanda Fuentes, una Doctora hiper experimentada y Directora de Sanidad en dicha Comunidad Autónoma. Sin embargo, como buena canaria, Fuentes dimitió al ver como las ideas políticas sobrepasaban la experiencia y la preparación de la ciencia. ¡Bien hecho! Eso se llama respeto, vocación y profesionalidad.

Por tanto, lo que está ocurriendo en España no es nada nuevo. Cuando un Gobierno entra al poder, los Ministerios son ocupados por cargos de confianza, por gente que se ha partido la espalda para que el partido llegue a esos niveles, y para que consiga esos puestos, y por tanto, hay que compensar tanto esfuerzo. Así la funciona la política mundial, al menos, la democrática.

Nos queda por delante aún mucho trabajo para frenar el virus, mucho esfuerzo para superar la crisis económica que nos está sumergiendo en sus fauces, y luego, un periodo de recuperación que tampoco será sencillo. Ya habrá tiempo de analizar, pero háganme caso, no se peleen por política, en España al menos no, porque TODOS SON IGUALES, el poder tiene un aroma que a todos atrae, y que les produce amnesia sobre su procedencia en la sociedad.

Jeremías Rodríguez

Director de Digital FM Radio Canarias, locutor de radio y presentador de Televisión y Eventos.

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