El ser humano es extremista por naturaleza, no sabe ser de otra manera, es parte de su genoma y no entiende la vida más allá de su egoísmo y su falta de sentido común. Pero también, es cobarde, torpe y falto de cualquier capacidad que vaya más allá de sus propios gusto e intereses.

Hace miles de años, millones, se nos brindó un planeta relativamente nuevo, a estrenar. Se nos regaló, con la única condición de que lo cuidáramos como si fuera nuestro (entiéndase el término “como si fuera”, dando por hecho que no lo es, nunca lo ha sido).

Empezó bien, pues nos encargamos de plantar arbolitos, plantas, cuidar los montes y las playas, lucía bonito… Pero nuestro creador, quién fuera o fuese (cada quién con su religión o sus creencias), cometió el error de situarnos en la pirámide como la especie más desarrollada, y ahí se despertaron las ínfulas de posesión y exterminio que nos caracteriza.

Si bien es cierto que, en un principio, los animales fueron concebidos para nuestra subsistencia, llegó el momento que nos parecía poco pescar a un pez de 1 kilo, cazar a un conejo o matar a un cerdo adulto. Comenzamos a pretender que todo lo que nos rodea nos perteneciera, y asesinamos a cuánto ser vivo nos rodeara, sea del tamaño que fuera, o pesara lo que pesara.

De esta manera, nos comemos la ternera adulta y la ternera lechal, la paleta de cerdo y el cochinillo al horno, y así, de este modo, fuimos asesinando al adulto y al pequeño, con impunidad. Siempre he pensado que si tuviéramos una especie por encima nuestra en la tan manida pirámide, otro gallo cantaría, pero esas especies suelen vivir en las Sabanas africanas, y no tienen contacto directo con nosotros más allá de que vayamos a enturbiar su estado de bienestar.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte nos ha entrado el “canguelo”, comenzamos a verle las orejas al lobo, y justo en ese momento dónde el cambio climático está comenzando a hacer mella, justo en este momento en que el calentamiento global es más patente y, por tanto, comenzamos a darnos cuenta que hemos destruido conscientemente nuestro bien más preciado, en este momento en concreto, “bajamos dos cambios” y comienzan a aparecer corrientes defensoras a ultranza de nuestros recursos naturales.

¿Ahora?¿De verdad?

Ojo, no critico estas vertientes, me parece que hacen una labor estupenda en algunos casos de concienciación, pero como dije al principio, el ser humano es extremísta por naturaleza. Ahora parece que comer huevos está mal, que comer carne está mal, todo está mal. ¿Cómo demonios cambiamos nuestra forma de vivir, de la noche a la mañana y de una forma tan radical?

Hoy en día consumir plástico está mal, y nos lo dicen los mismos que llevan decenas de años enriqueciéndose de este producto, a base de un petróleo con el que han especulado y han hipotecados países enteros en pro de su propio beneficio. Eso sí, nos dicen que paguemos las bolsas porque hay que contribuir a cuidar el medio ambiente, mientras en el interior de los supermercados, no paramos de ver productos envasados en plástico.

Lo mismo con la gasolina o el gasóleo, que ahora parece que son enormes contaminantes de la capa de ozono, ¿qué sucede?¿Que hace años no contaminaban?¿o es que ahora, la corriente defensora del medio ambiente está haciendo demasiada presión y hay que hacer un lavado de imagen?

Y así, con todo… Si hubiéramos vivido de una forma menos destructiva y más constructiva, siendo consciente de que la tierra como planeta nos ha sido alquilada en usufructo, otro gallo hubiera cantado, pero hemos sido tan egoístas, narcisístas y especuladores que, al final, nos ha estallado la burbuja en la cara, y aún así, pretendemos taparnos nuestras vergüenzas defendiendo cosas que, hasta hace poco, nos importaban un comino.

No nos engañemos, las personas pueden cambiar, pero los ideales, por más que se enmascaren, siguen siendo los mismos.

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