El Alcalde del municipio de Tacoronte continúa creyéndose el “dueño del cortijo”, con una actitud totalmente autoritaria que dista mucho de lo que se presupone del máximo mandatario de una localidad.

Álvaro Dávila no para de dar noticias. Este verano ha sido muy intenso para él, pero no precisamente por realizar una gestión adecuada de los recursos de su ayuntamiento, nada que ver. 

Una vez más, ha sido noticia por su manera de gobernar. Y es que el actual Alcalde de Tacoronte – que como bien saben, llegó al poder gracias a una muy discutida moción de censura – continúa con su discurso autoritarísta y muy distante de lo que se espera de un mandatario municipal.

Dávila no ha entendido que Tacoronte existía antes de que su lúgubre figura llegara al poder, incluso, antes de que un Hermógenes Pérez – tan discutido como él, pero que ganaba como una aplastante moción de censura – también lo hiciera. Tacoronte es mucho más importante que cualquier figura política que ocupe ese sillón y ostente el bastón de mando.

Sin embargo, el municipio se ha convertido para Dávila como un vaso de cristal en las manos de un niño de menos de un año, es decir, sabes que en cualquier momento se le puede caer al suelo y romperse.

La única diferencia es que a Álvaro se le va a caer a conciencia. Actualmente no tienen interventor/a en el Ayuntamiento, no pueden pagar un sólo céntimo, no pueden pagar a quiénes han participado en las Fiestas del Cristo de Tacoronte.

Además, y para más inri, tampoco pueden pagar a las Asociaciones Culturales que, créanme, lo están pasando muy mal. Se les prometió una cuantía económica, una cantidad a través de la cuál éstas asumían la contratación de cuánto personal fuera necesario para desarrollar su actividad. Sin embargo, esta cantidad no ha llegado, no se espera que llegue en un futuro cercano, y la situación de muchas de las formaciones se complica puesto que las deudas se acumulan.

Por si fuera poco, presuntamente, Dávila se dedica a “informar” – nótese la ironía – de que o se hacen las cosas como él dice, o no les dará la subvención prometida.

Si a esto le añadimos el testimonio que hace unos días pudimos escuchar en el programa de radio “El Grillo”, que dirige y presenta Gonzalo Castañeda, y dónde participó una tacorontera a la que, según sus declaraciones, Álvaro Dávila le había cerrado la puerta “en las narices” a pesar de que fue a solicitar ayuda para ella y sus tres hijos, en una situación familiar muy delicada, y con la respuesta por parte del máximo responsable municipal de “yo ni tengo competencias en los servicios sociales, ni tengo idea de cómo funcionan”, pues hágase usted a la idea de cómo está la situación.

Lo cierto es que Dávila amenaza con presentarse nuevamente a las elecciones, y según me cuentan, ni siquiera en su partido han abierto botellas de cava para celebrar la noticia. El batacazo puede ser importante, aunque créanme si les digo que no me importaría que se presentara y lo padeciera, porque en el caso de Dávila no es cuestión de un partido político u otro, son las formas que como “persona física” ha utilizado para dirigirse a mucha gente, entre ellos, a mí.

Veremos.

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