En algún momento alguien dijo: “En este país, como alguien tire de la manta, comienzan a salir mentiras hasta debajo de las piedras”. Pues bien, alguien tiró de la manta.

La situación política actual es realmente estremecedora. Cada día aparecen en los distintos medios de comunicación – dependiendo de la afinidad con unos y otros – informaciones o noticias que conciernen a los estudios o la vida privada de los principales estandartes políticos de este país.

Ha sucedido con Pablo Casa, con Albert Rivera, con Pedro Sanchez, con Carmen Montón, al igual que ya sucediera en su momento con Cristina Cifuentes. 

Y es que en este país, han visto un filón con las investigaciones de la “titulitis” que padecen los políticos, dónde al final el papel lo soporta todo, pero de los títulos que reflejan sus respectivos curriculum´s no hay ni el humo, ese humo que nos quieren vender.

Masters, doctorados y vaya usted a saber cuántas más mentiras arrojan las investigaciones que se han realizado sobre los estudios cursados por mandatarios que, a día de hoy cobran ingentes cantidades de dinero, y que viven a cuerpo de rey a costa de un estado que se encuentra en una situación realmente preocupante.

Lo preocupante del asunto no es que mientan, puesto que al ser políticos es algo que se da por sentado, o al menos, el pueblo lo ve de esa manera. Lo que realmente preocupa es que, una vez demostrada la mentira, no acaten la responsabilidad de sus mentiras y se vayan por dónde mismo vinieron.

Y es que España está cansada de mentiras y de falsos discursos moralistas dónde parece que los verdaderamente culpables de nuestra situación somos nosotros mismos, y mientras nosotros llegamos a fin de mes con la soga al cuello – el que llega -, ellos cobran más de 7.000 euros mensuales con subidas muy por encima en porcentaje que las que se acometen para las clases más bajas.

La inmoralidad de los responsables políticos de este país se refleja en sus actos, no es sus palabras, pues les escuchas hablar y da la impresión de que están trabajando a destajo para que España reflote y vuelva a ser lo que era, pero en el fondo, sus actos dicen lo contrario pues sólo se preocupan por su beneficio particular.

Mayo está cerca, y por primera vez en la historia los vecinos y vecinas españolas no saben a quién dirigir su voto, pues aquella tan manida frase de “son todos iguales” se ha convertido en un slogan que se escucha en la calle a cada hora. 

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