Son muchos los políticos que se creen dueño de un consistorio en el que han hecho y deshecho a su antojo, y que con las elecciones a la vista, temen que vean la luz documentos y facturas que le pondrían a los piel de los caballos.

Los nervios están a flor de piel, y eso es un hecho innegable si nos atenemos a la gran cantidad de publicaciones por parte de todos y cada uno de los partidos políticos que vemos en redes sociales a diario.

El rating publicitario con afán mediático ha aumentado sobremanera, con inyecciones económicas en la gran mayoría de los casos. Esto es lo que hace, que mientras estás viendo una noticia de un periódico local en la red, te aparezca una publicidad de Ani Oramas, Asier Antona o cualquier otro representante político.

Sin embargo, lo que más miedo da a muchos políticos es que aquel que entre, abra la Caja de Pandora y comienza a sacar toda la basura que durante los cuatro últimos años han metido bajo el felpudo.

Y no necesariamente tienen que ser ilegalidades, que ya me van por las ramas, y yo soy de los que piensan que todos los políticos son honestos… No, es coña, no soy tan iluso, pero sí trato de confiar en las personas.

Pero oiga, al igual no termina de gustar al pueblo que durante cuatro años no se haya abierto un acceso a la autopista, que no se hayan asfaltado determinadas carreteras secundarias de gran importancia o que no se haya hecho una apuesta ferviente por la formación y el empleo, y que aparezcan facturas con ingentes cantidades de dinero a determinados medios de comunicación, casualmente, afines a sus paralizaciones operarias.

O, tal vez y sólo tal vez, hay miedo a que aparezcan datos que difícilmente se puedan explicar con respecto a las cuentas municipales, principalmente en aquellos municipios dónde tras el abandono de varios interventoras e interventoras, se les preguntó a varios profesionales y al ofrecérselo el puesto dijeron “¡Ni de coña!”, al no quererse hacer cargo de las cuentas municipales y de la forma en que se gestionaban los fondos públicos.

Y es que esto pasa, y tal vez en demasiadas ocasiones. Hay muchos Ayuntamientos dónde el miedo se ha apoderado de los edificios en cuestión, y han comenzado a comprarse destructoras de papel de buena marca para que, como si de Don Limpio se tratase, no dejase huella alguna.

Y es que, por ejemplo, ¿a que no estaría bien que a una empresa externa al Ayuntamiento se le brindara un local municipal, sin ningún tipo de contrato alguno, y que además, se beneficiara de los recursos del mismo – que pagamos todos – sin que pague un sólo céntimo? No sería bonito, ¿verdad?

Pues esto pasa querid@s amig@s, y créanme que más a menudo de lo que ustedes piensan. O tal vez no, seguro que son más mal pensados que yo.

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