España aún no ha terminado con el Covid19, se habla de un “rebrote” para finales de año y con una crisis económica que ya nos envuelve

Permítanmente por un minuto que deje a un lado la crisis sanitaria que estamos padeciendo. No se trata de ser frívolo, ni mucho menos, y vaya desde estas modestas líneas mi más sentidas condolencias a todos y cada uno de los familiares de todos y cada uno de los fallecidos por Covid19 en el mundo, y especialmente, en nuestro país, además de mi más ferviente ánimo a todos y todas aquellas que, a día de hoy, están sufriendo las consecuencias de la enfermedad.

Sin embargo, la que se nos viene encima no es para mantenernos al margen.

Durante este tiempo de confinamiento hemos pedido ayudas por todos lados; los ciudadanos querían ayudas para el alquiler, una renta mínima, ayudas para bloquear el pago de impuestos, ayudas para que los bancos retrasaron el pago de las cuotas de préstamos y demás… Por otro lado, los empresarios pedían ayudas para el pago de cuotas, seguridad social, alquileres, en definitiva, para no desaparecer.

Pero seamos francos. España no tiene dinero, y cuánto antes lo asumamos, mucho mejor. Si de la noche a la mañana se hubieran suspendido el pago de impuestos, el país no tuviera siquiera dinero para pagar a esos a los que salimos a aplaudir cada tarde a las siete desde nuestros balcones. El país necesita ingresar, pero sobre, necesita rentabilizar cada euro que entra en las arcas públicas.

Lo peor está por llegar, y no es demagogia. Con el paso del tiempo, necesitarán mantener los ERTES, pues en su defecto, el paro aumentará considerablemente, y el estado deberá seguir manteniendo a esos ex empleados a los que no quiso ayudar cuando aún tenían un puesto de trabajo. Por tanto, habrá que desembolsar unas cantidades de dinero importantes.

Por otro lado, las ayudas que se han dado (si es que se han dado alguna, me dicen que sí), también han dejado un hueco importante, y habrá que llenarlo. En definitiva, que nadie te engañe, nadie nos puede garantizar que el estado tenga dinero para pensiones y parados en diez años.

Por tanto, ¿sería una locura pensar que no sólo no bajarán los empuestos, sino que además, los subirán? No, para nada, y además es muy probable que suceda. Cuando una cesta de frutas se vacía hay que volver a llenarla.

Estoy de acuerdo que los políticos de este país deberían dar ejemplo, ¡Claro que sí! Una bajada de salario, renunciar a dietas que no utilizan y un sinfín de plusvalías de las que disfrutan y que no merecen en muchos casos, por supuesto deberían ser eliminadas. Los sueldos de los ex-presidentes, que salvo Mariano Rajoy que renunció a su pensión, el resto vive a cuerpo de rey a costas del estado. Por cierto, hablando de reyes, la Corona también debería dar ejemplo, y bajarse el sueldo considerablemente… Y mucho más gastos que nos podemos ahorrar, estoy de acuerdo, pero aún así no nos sería suficiente.

Evidentemente habría que garantizar una mayor cotización de las rentas más altas de este país, pues es importantes devolver parte de lo que este país les ha dado, pero no serán los únicos que paguen más. Nosotros, los ciudadanos de a pie, los autónomos, los dueños de pymes, también pagaremos más en breve, y si no, tiempo al tiempo.

Y es que basta con tomar una calculadora y hacer balance de lo cuesta mantener a un país como el nuestro de 47 millones de habitantes, para darse cuenta que o se llena de nuevo la cesta de fruta, o aquí a alguien le va a faltar el pan.

Además, España cojeará de dos patas que hasta ahora eran fundamentales en su economía.

La primera, el turismo. Costará más de dos años para que España recupere su status a nivel turístico, para que vuelva a ser elegida año tras años por turistas alemanes, ingleses, polacos, rusos y otros tantos país que veían en nuestro país un reclamo importante. Ahora, la imagen que tienen, es la de un país sin alma.

Y la segunda y más importante, las inversiones, el capital. España a día de hoy es un país con mucho riesgo inversor, y no podemos olvidar que el dinero es cobarde, a poco que haya algo de riesgo de que pueda perderse, desecharán cualquier posible inversión. Esto convierte a nuestro territorio en una tierra marcada en rojo, y que deberá demostrar que finalmente somos capaces de recuperarnos, y que tan sólo ha sido un bache, pues de no ser así, la salida de capital a la que nos podemos enfrentar puede frenar importantes proyectos, y por ende, pérdidas importantes de liquidez financiera.

Toca reinventarse, toca innovar, toca ver la botella medio llena y convertirnos en dueños de nuestro futuro, pues si esperamos a que el estado nos saque de esta, podemos naufragar en el intento. No lo hará, porque no quiere, pero principalmente, porque no puede.

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